Conciencia política

Hoy me he topado con un vídeo bastante perturbador. En él se veía a un grupo de personas, en noviembre de 2012, ir al estadio del Betis a abuchear a los jugadores, un día después de que el Sevilla les encajase cinco goles.

El vídeo en cuestión es este:

No he podido evitar recordar cuando el 15 de mayo de 2011 nos reunimos muchos en las calles para pedir una democracia de verdad, para exigir una lucha firme contra la corrupción, una ley electoral justa, una solución a la situación que entonces estaba empezando. Aquel día coincidió con el ascenso del Betis a primera división, y más de quince mil personas, que se dice pronto, fueron a aplaudir al equipo, a jalear al paso de dos autobuses descapotables llenos de futbolistas.

Se necesitaron dos manifestaciones multitudinarias en Sevilla para que una cifra similar de gente saliese, ya en plena crisis, a la calle a protestar por su situación. Me atrevo a decir que muchos de los parados –o estudiantes, jubilados o cualquier otro colectivo afectado por los recortes– que fueron a vitorear a los veinte millonarios que le dan patadas a una pelota de cuero no salieron a pedir la continuación de la ayuda al desempleo, ni a la lucha contra la subida de tasas universitarias, ni se organizaron para frenar el copago, ni asistieron a tantas otras protestas que ha habido en los últimos dos años en España. Imagino que ni las huelgas ni las manifestaciones arreglan nada, pero salir a aplaudir al Betis lo hace más de primera división o algo así.

Dos años después compruebo con horror que hay gente que un lunes por la mañana va a abuchear a ese mismo equipo. Intuyo por los horarios que están en paro (los lunes al sol, ya sabéis), así que deduzco que hay gente parada que todavía se indigna con el resultado de un partido de fútbol, que hace quince horas de cola y se gasta 70 euros para entrar a verlo, que llora cuando “no lloraba desde que se murió mi padre”… Hay personas que rompen a llorar de rabia con un partido de fútbol y no con el expolio que está sufriendo el país en el que viven, y que sin nada mejor que hacer, echan la mañana pitando a aquellos a los que hace meses aplaudieron; que hacen de la visceralidad una forma de vida, hasta con cierto orgullo; que exigen responsabilidades a futbolistas y no a políticos; que están más preocupados por la venta de su club que por la venta por partes de su país.

Por mi parte, cada vez está más cerca mi exilio voluntario y tiene pinta de que va a pasar un buen tiempo antes de que vuelva. Y por cosas así, cada día me da menos pena.

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